Mostrando entradas con la etiqueta #epístola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #epístola. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de octubre de 2016

Epitafios por correo de René Avilés Fabila (1940-2016)

Parece macrabro, una preparación par mí, tal vez una premonición para él, pero el 18 de septiembre pasado me mandó por correo estos dos fragmentos en un correo que tituló MI EPITAFIO, sí, así en puras mayúsculas. Le contesté que podíamos esperar y olvidarnos de esto, sin embargo prometí que si lo deseaba construiría un mausoleo enorme para grabar en sus paredes de mármol estos hermosos poemas que él mismo eligió para describirse. ¡Quién podría haber creído que menos de un mes después René no estaría! Sólo queda su obra y una enorme soledad.

Que como el perro que lame
La mano de su señor,
El miedo ablande el rigor
Con el llanto que derrame;
Que la ignorancia reclame
Al cielo el bien que le falta.
Yo, con la frente muy alta,
Cual retando al rayo a herirme
Soportaré sin rendirme
La tempestad que me asalta

¡No esperes en tu piedad
que lo inflexible se tuerza:
yo seré esclavo por fuerza
pero no por voluntad¡
Mi indomable vanidad
No se aviene a ruin papel.
¿Humillarme? Ni ante aquel
que enciende y apaga el día.
Si yo fuera ángel, sería
El soberbio ángel Luzbel.

El hombre de corazón
Nunca cede a la malicia.
¡No hay más Dios que la justicia
ni más ley que la razón!
¿Sujetarme a la presión
del levita o del escriba?
¿Doblegar la frente altiva
ante torpes soberanos?
¡Yo no acepto a los tiranos,
ni aquí abajo ni allá arriba!
  
Salvador Díaz Mirón: “Espinelas”

Lebret
Si a reprimirse acertara.
tu espíritu… mosquetero,
tuvieras gloria, dinero.

Cyrano
¿Y a qué precio lo alcanzara?
¿De qué medios me valdría?
Di. ¿Buscando un protector 
y medrando a su favor
cual la hiedra que porfía
el firme tronco abrazando,
lamiéndole la corteza
suavizando su aspereza
va poco a poco, escalando 
la copa? ¿Yo así medrar?
¿Yo por astucia elevarme?
¿De mi ingenio no acordarme
ni con mi esfuerzo contar?
¡Muchas gracias! ¿Dedicando, 
como todos, versos hueros
a ignorantes “financieros”, 
con el de un bufón trocando
el donaire natural
por la esperanza indecisa
de lograr una sonrisa
de un potentado venal?
¡Gracias! ¿Con la pretensión
de que a su mesa me siente,
arrastrarme cual serpiente
ante estúpido anfitrión
y ejecutar contorsiones
con agilidad dorsal?
¡No, gracias! ¿Original
talento en sus producciones
suponer en un plagiario,
y adorar noche y mañana
el santo por lo peana,
siempre pronto el incensario?
¿Navegar con madrigales
por remos? ¿Sin rumbo cierto
llegar al ansiado puerto
los más rudos temporales 
despreciando, y las borrascas,
si henchida llevo la vela 
de mi frágil barquichuela
con suspiros de tarascas?
¡Muchas gracias! ¿Publicar 
versos en casa Sercy
por cuenta propia, y así
fama de autor alcanzar;
y si acierto en un soneto,
pagado de la victoria, 
no aspirar luego a la gloria
de un trabajo más completo?
¿Lograr que diez botarates
en su cónclave risible 
me proclamen infalible
y aplaudan mis disparates, 
y temblar interiormente
por las chanzas indiscretas
que dirijan las gacetas
a mi numen imponente,
aunque repita después
que ello no me da cuidado,
porque me he visto citado
en el Mercurio Francés?
¡Gracias! ¿Que cual necio tema
si otro más necio se irrita?
¿Consagrarme a una visita 
mejor que a escribir un poema?
¿O, tras mil y mil desgracias,
a sueldo hacer memoriales
u otros oficios triviales?
¡Muchas gracias! ¡Muchas gracias!
En cambio… ¡oh dicha!, vencer
gracias al propio heroísmo, 
fiando sólo en ti mismo,
pudiendo siempre a placer 
himnos de gloria entonar
o denuestos proferir,
soñar, despertar, sentir,
lo que es hermoso admirar;
tener firma la mirada,
la voz que robusta vibre,
andar solo, pero libre,
ponerte, si ello te agrada,
el sombrero de través,
por un sí o un no batirte,
hacer versos o aburrirte, 
ser arrogante o cortés;
de la gloria y la fortuna
sin cuidarte, trabajar,
si te place, en preparar
lo absurdo…, un viaje a la luna;
no escribir nunca, jamás,
nada que de ti no salga
y, modesto en lo que valga,
pensar que otro vale más;
¡y contentarte, por fin, 
con flores, y hasta con hojas,
como en tu jardín las cojas,
y no en ajeno jardín!...
En resumen: desdeñar 
a la parásita hiedra, 
ser fuerte como la piedra,
no pretender igualar
al roble por arte o dolo,
y, amante de tu trabajo,
quedarte un poco más bajo
pero solo, siempre solo.

Lebret
Solo, siempre solo, sí,
Según tus extraños modos
mas no solo contra todos
que eso ya es manía en ti.
¿De qué proviene ese afán
de crearte sólo enemigos?

Cyrano
De verte a ti hacer amigos
y del pago que te dan
bueno…, ¿cuántos hallarás?
Yo, al ver uno que, ceñudo,
me niega al paso el saludo,
pienso: “¡Un enemigo más!”
¡y gozo!

Lebret
¡Qué aberración!

Cyrano
Es mi vicio, lo confieso.
Mejor que me odien: con eso 
Llenan toda mi ambición.
¡Ah, Lebret! ¡Si comprendieras
cuánto se siente halagada
mi alma bajo una mirada
insultante! ¡Si supieras,
y lo sabrás, aunque tardes
en salir de tu ilusión,
lo bien que mancha el jubón
la baba de los cobardes!...
A ti, Lebret, te seduce
cualquier amistad fingida,
a esos cuellos parecida
de Italia, en que no reluce
terso y rígido el planchado;
que encima del pecho flotan
y que, cuando más, denotan 
gusto nimio en el calado.
Te haré, sí, una concesión:
son cómodos esos cuellos;
pero ¡ah!, que el rostro con ellos
pierde su altiva expresión.
Quien los usa se afemina,
nada le oprime ni estorba,
y su cabeza se encorva 
o a todos lados se inclina.
La mía no, acostumbrada
a sentirse muy sujeta
por el odio que me aprieta
la gorguera almidonada.
¡Aprieta, no da dolor!
Antes mi dicha es notoria,
que ella  es cual nimbo de gloria
por mi cuello en derredor.
Por cada rival que airado
me acosa, otro pliegue ostento,
y al par un estorbo siento
y un rayo de luz me añado.
A la golilla española
remeda el odio, cual ves:
parece un dogal, pero es,
más que dogal, aureola.

                       Edmond Rostand: Cyrano de Bergerac

martes, 7 de junio de 2016

Un intento más de decirte que te amo.

Sí, a diario te digo que te amo. Te lo digo en lunes para comenzar el día y la semana, para comenzar el ritual de no-me-olvides, para seguir con la tradición y la cantaleta de las tareas sin concluir y las noches en vela. 
Te digo y te diré mañana martes que te amo porque llegas a casa, a tu tierra donde habito, a tu ciudad que se consume de abandono. Te digo que te amo todos los miércoles porque el sol brilla a media semana y los pájaros me despiertan antes con su escándalo. 
Te digo que te amo los jueves y los viernes, te lo digo porque ya he olvidado que te lo dije cien veces el lunes. He olvidado cómo suena el teléfono, he olvidado que tu voz dice yo-también. Te digo que te amo en jueves porque fueron insuficientes las te-amo del miércoles. Y te digo que te amo los viernes porque quiero que sueñes conmigo en la noche: con mi voz en un eco suave que te arrulla.
Te digo que te amo tempranito los sábados porque corro a ocupar mis horas y no lo puedo decir en clase. Te digo que te amo los sábados en cada pensamiento que va para ti entre gises y borradores. Te digo que te amo en la tarde antes de que llueva y después, cuando siento los pies fríos y quiero que me los calientes. Te digo que te amo antes de dormir y ya es domingo. Ya estoy en mi cama y te digo que te amo en pijama y con los párpados ardorosos de sueño, pesados como piedras.
Te digo que te amo en domingo cuando el taxi me acerca a tu casa y elevo la cabeza como queriendo verla y no se puede. El domingo te digo que te amo entre acordes, batutas, partituras. Te digo que te amo en domingo en voz muy alta para que te alcance en el sauna, en tu rincón del alma. Entonces sucede algo extraño: todo mundo se percata de que te lo he dicho un millón de veces esta semana y rompen en aplausos para callarme; yo me inclino, agradecida, para engañarlos. Apenas silencian sus palmas y todavía —qué bueno— en domingo te digo que te amo. Todo para volver a empezar el lunes el ritual de no-me-olvides.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Desperté amándote

Una vibración de mi teléfono me despierta de un profundo y cansado sueño, reviso y no es nada importante, pero me doy cuenta de que ha amanecido y que de seguro hay un mail tuyo en mi bandeja. Así es, lo abro, lo leo con dificultad porque no traigo mis lentes, porque la pantalla me deslumbra, porque siento piedras en los ojos. Lo leo y con tus palabras siento que llega un beso amoroso de los buenos días. Son las seis y media de la mañana, no tengo que levantarme aún, me vuelvo a dormir. Así que me pongo a soñar no sé con qué y con todo, navego de la vigilia al sueño y se me confunde la realidad con el mundo onírico, pero descubro que estás en ambas partes; en una te beso y me abrazas; en otra, tus palabras se meten por mis ojos y mis oídos. En ambas, me enamoro de ti.

Así desperté hoy, amándote.

jueves, 12 de febrero de 2015

Reflexiones


febrero 21, 2006

Le gusta el color blanco. El blanco es un color limpio que le hace sentir purificada y cómoda. Lo blanco de su cama, de las paredes, de las sábanas, las toallas, su bata de baño, algunos utencilios de cocina —hubiese querido decidir mejor por una vajilla blanca—, también su computadora de escritorio es blanca y, porqué no decirlo, de su ropa interior —aunque no toda. El color blanco desprende diferentes expresiones del ambiente de la casa. Tengo la impresión de que ella quisiera que todo fuese blanco, incluso los muebles. Me imagino que el blanco le transmite una sensación de calma, plenitud, alegría, limpieza. La he visto hojear revistas de casas blancas y se emociona, su carita se pierde en el registro de la imagen en su mente. «Y es que el color blanco tiene una fuerte sensibilidad frente a la luz. Es la síntesis de todos los colores. Todos los colores. ¿Te das cuenta? Algo así como la conjunción de lo absoluto, de la unificación del todo». Lo que oculta, lo que neutraliza, lo que equilibra. Su inocencia, su perversión, su risa, su llanto, su mejor y su peor cara.
Jo

jueves, 24 de julio de 2014

2013

Me enamora que seas una mujer exitosa, chingona, profesional y que además huelas a séptimo cielo, que tengas una alma de diosa, te guste el color blanco, rías, explotes como un volcán y por si fuera poco, cocines, tejas, y tiendas la cama impecablemente.

Femenina a tope, trabajadora a tope, inteligente a tope. 

lunes, 6 de septiembre de 2010

Desde Honduras

Te amo mi niña hermosa, que tengas buen día.
Date: March 6, 2007


El estrés me lleva a ocupar cada segundo hábil del día, de otro modo no salgo. Yo me erijo como mi principal juez y no puedo desviarme un sólo momento de lo que tengo que hacer, pero entonces mi vida se llena de estrés y los míos se quedan fuera. Es por eso que me rebelo a mi mismo y dejo todo de lado para escribirte. Siempre que escribo tengo que estar dedicado a hacerlo o de otro modo, lo voy haciendo por pausas que me torturan porque dejo incompletas las frases y siento que no cobran vida, que las frases no nacen y se quedan en el limbo esperándome, son un producto inconcluso de mi y por eso sufro, sufro si las frases se quedan a la mitad. Aunque ahora que el Vaticano decidió que el limbo no existe, pues, más tremendo porque entonces, ¿dónde se quedan mis frases?, por lo menos antes tenían dónde quedarse, ¡ahora ni eso! Lo realmente importante es que tarde o temprano te escribo, no tanto qomo antes, y eso te aflije, pero no hallo cómo sincronizar mi estrés con el tiempo para escribirte tanto como lo hacía. Quizá si me convenciera que no es necesario un tiempo definido, exclusivo, sólo para tí, sino que puedo ir tratando de hilar frases sin preocuparme por que tengan una misma lógica de principio a fin, un mensaje consistente, entonces tal vez podría escribirte más seguido. Me aflije no escribirte como quisieras y no escribirte se convierte en un pendiente que se adiciona a la larga lista. Ahora escribo sin detenerme a pensar, escribo lo que viene a mi mente y ya. Esto es parte de la "departamentalización" de mi cerebro, de cómo debo dedicar el tiempo para una cosa y hacerla no sólo bien, sino muy bien o de otro modo, mejor no la hago. Es un reflejo de lo mismo que me sucede con la organización-hijos-tú, este triángulo celestial que es de conjunto el motor de mi vida, que a veces se convierte en mi infierno porque no logro quedar bien con ninguno.
Ahora quiero pensarte como mi diosa que eres, quiero beberte como el elixhir del amor que me traslada a la dimensión en donde todo mortal quiere permanecer siempre, en ese juego de la imaginación en el que el tiempo se trata de elongar para no dejar de desprenderme de ti, de tus besos, de tu olor, de tus labios, ese segundo que se le gana a la vida cotidiana, que se le arrebata al día a día como un trofeo, ese momento inmediato anterior a levantarse de la cama, ese preciso instante en el que debemos separarnos para actuar como simples mortales, ese es el momento en el que debo dejar de escribir y no quiero dejar de hacerlo, pero tengo que hacerlo y entonces en un grito interior, elevo mi voz y por lo menos para que quede el eco, te digo: Te amo mi niña hermosa, que tengas buen día.  




Jo

domingo, 15 de agosto de 2010

Carta de amor

Con misivas como esta me enamoró, venció mi fortaleza y domó mi espíritu. Hoy me suenan a palabras huecas a artimañas, a dolo, a negras intensiones. Hoy desconosco la sinceridad de las palabras, no atino a descifrar si fueron honestas. Había una declaración de amor que no aceptaba y a final terminé aceptando. Me tardé tanto que siempre estuvimos desincronizados. Hela aquí como prueba de que no fue un sueño.


18 de abril 2005

Esta noche es la que nos ha devuelto las sonrisas pues la perturbación
ha sido comprendida por mí. No sabía dimensionar tu órbita y estaba
errando las premisas. Mi mente vuela y regreso la película al primer
día que hablamos, al primer día que nos besamos, al primer día que
lloraste, cuando en mi camisa se vertió el vino, cuando el sudor nos
inundó y el sueño nos embargó las prisas, cuando sentí por vez primera
tus vibraciones, cuando te bebí grabando tus olores. Hace apenas tres
y medio meses que estás en mi vida y la taquicardia ha quedado en un
lejano eco sustituido por el estruendo de tus vaivenes, de las noches
llegando al límite, siempre al límite, contigo todo es al límite
difuso. El teatro estuvo al límite contigo durmiendo en mi brazo y yo
oliéndote, las noches al límite de la madrugada, Algarabía siempre al
límite, en París llevaste el límite más allá de tus límites, el límite
de ir a tu casa la segunda vez que nos vimos, sentirme tan bien en tu
casa, nunca olvidaré el café de Sumatra contigo postrada en mi y la
forma tan sugestiva de lanzarme las servilletas.

Tres y medio meses y pareciera que has estado conmigo desde hace una
magnitud que se me antoja decirle "siempre". Tus olores encajan, tu
conversación embona, tu risa es del nítido retinar que me complementa
esa parte de mi vida que se llena con tu nombre, tu nombre chingón, tu
inteligencia que provoca, que alienta, que endulza, que enseña.

Y es así como las experiencias se tornan recuerdos que alimentan la
pasión por el futuro, y es entonces cuando recuerdo nuestro beso
desaforado al borde de la calle, como dos adolescentes, después de
haberme escuchado y ver el brillo de mis ojos, y me dijiste: "No me
beses así", y es entonces cuando recuerdo lo intrigante de tu llanto
cuando nos vimos en el hotel e hicimos el amor con ternura y
dedicación, y es entonces cuando veo las copas, los whiskys, el aceite
almendrado festejando mi habitación con tus muebles, y es entonces
cuando me veo jugando en una mesa con tus hijos, y es entonces cuando
me veo desnudándote en tu oficina ahí donde pasas tantas y tantas
horas, y es entonces cuando te veo en esa postura provocadora
traduciéndome Sailing, cuando te serviste de las muletas, cuando te
tuve todo el sábado para mi y no tuve erección, cuando te llamé el  31
de diciembre, cuando por poco me cruzo con Josecito por haber llegado
al límite de la hora, cuando te sugería pasar la navidad conmigo y me
tiraste de loco, cuando nos masturbamos por teléfono, cuando estuviste
en la hamaca y compartiste el pan con nosotros los pobres, cuando me
viste desnudo dentro de tus sábanas cambiando de canal televisivo y te
di pánico,  cuando te tapaste el trasero que sabías que te veía,
cuando subimos las llaves con un hilo, cuando en el cine corriendo
llegué en aquel diciembre, cuando estallaste contra Pilar, cuando
conocí a Rafael, cuando tu madre me platicó todo lo que quisiera
decirle a tu padre: "Si supiera que lo único que pido es que me
escuche", cuando trabajamos ambos en tu casa, cuando desnuda sentada
en mis piernas trabajamos en tu Mac, cuando te pillaste considerándome
en tu lista del súper, cuando desaforada no dejabas de enviarme los
besos que no pudimos darnos en el aeropuerto: "Te estoy dando seis
besos en este momento".

Y me imagino sin ti y me pongo triste.

Hoy volví a sentir la sincronía, esa que me llevó el nudo a la
garganta, cuando me dijiste que no, que no seguías, y al decirlo de
una extraña forma nos rompíamos mutuamente el corazón, quería decirte
si ¿sólo un poquito más podríamos seguir? Y sentía cómo nos rompíamos
mutuamente el corazón, I don't want to talk about it, how you broke my
heart, if I'm staying just a little bit longer, if I'm staying, won't
you listen my heart, Oh! My heart.  Que no me compartirías, que no
cabe en ti el seguir huyendo de la infidelidad de tu padre, la
adicción de tu madre. Pero entonces la reflexión te llevó a cuestionar
tu soledad, y la balanza me mantuvo en tu vida, hasta ahora.

"Antes de irme me cortaba las venas por ti" y al irte compartía
contigo todo el significado de París. Y hoy, 18 de abril, tras haber
pasado una turbulencia, siendo las 23:04 horas, a punto de irme a
dormir porque estoy fatigado, porque estoy exhausto, porque estoy
sediento, porque estoy nostálgico de ti, quiero decirte que quiero
estar contigo, porque quiero olerte, porque quiero besarte, porque
quiero tenerte, porque Victoria es la mujer chingona que me atrapó con
su conversación inteligente y su excitante candor. Así de simple.

Besos cariño mío.

Jo